El power horse stadium ambiente: cuando la Indalica se vuelca a muerte por los suyos
Con capacidad para casi 19.000 almas, nuestro estadio es la fortaleza rojiblanca donde la pasión no tiene tregua. Aquí es donde se hace magia.
16 de septiembre de 2026
A veces uno se olvida de lo que significa tener un estadio propio, con historia y con alma. El UD Almería Stadium (que todavía nos cuesta llamarlo así después de tantos años viéndolo como Power Horse Stadium) no es solo cuatro gradas con césped. Es la casa de todos nosotros, indálicas y indálicos, el lugar donde dejamos el corazón cada domingo.
Con capacidad para 18.331 espectadores repartidos en esos 140.000 metros cuadrados que ocupan nuestro templo rojiblanco, el power horse stadium ambiente es imposible de describir si no lo has vivido en primera persona. Cuando suena el himno y ves esas banderas moviéndose al unísono, cuando escuchas los cánticos que retumban en las gradas... tía, eso no se compara con nada.
¿Desde cuándo es nuestro este estadio?
Lleva con nosotros más de dos décadas. Fue inaugurado el 31 de julio de 2004, pensado para los XV Juegos Mediterráneos de 2005, con una inversión de 21 millones de euros que alguien en una provincia poco mediática decidió que merecía la pena. Y tenía razón. Durante años fue conocido como Power Horse Stadium tras el acuerdo de patrocinio de 2022, pero desde agosto de 2024 volvió a ser solo nuestro, sin intermediarios.
El verdadero lujo: el ambiente que hacemos nosotras
Mira, cualquier estadio bonito mola. Pero lo que hace especial al power horse stadium ambiente es lo que generamos dentro. Los unionistas de la UD Almería no somos los más ruidosos de Segunda División, ni los que tienen más presupuesto, ni los que salen en todos los noticieros. Somos los que vamos a muerte, los que cantamos desde la primera hasta la última línea, los que defendemos lo nuestro porque sabemos que nadie más lo va a hacer.
En esas gradas caben 11.700 almas (según algunos datos), pero te juro que parecen el doble cuando nos ponemos. Las exhibiciones, las banderas, los cánticos que ensayamos toda la semana en el grupete de WhatsApp del que todas somos parte... eso crea una energía que los rivales sienten desde el túnel de vestuarios.
¿Por qué importa tanto dónde jugamos?
Porque aquí los chicos saben que tienen detrás a gente que vive esto de verdad. No es un entretenimiento más. Es nuestra provincia la que está en el terreno de juego. Es el orgullo almeriense en carne viva. Cuando alguien en Madrid se queja del ruido de un partido, aquí nosotras sabemos que ese ruido es nuestro latido.
Si tienes la suerte de estar en el power horse stadium ambiente un día de partido, verás a una comunidad de mujeres que hace mucho tiempo decidieron que merecía la pena estar en las gradas aunque nadie nos pusiera un foco. Nosotras sabemos lo que tenemos. Lo que somos. Y eso no tiene precio.
El fútbol es puro entretenimiento, pero se disfruta el doble cuando hay algo más en juego.
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